lunes, 20 de abril de 2026

Uzbekistán 6

Samarkanda

Samarkanda, una de las ciudades más antiguas, míticas y legendarias del mundo. De la misma antigüedad que Babilonia, Atenas o Roma. Poetas e historiadores de la época la denominaron La Roma del Este, La Perla del Mundo o el Edén de Oriente y fue capital de diversos imperios. 

Para los europeos, viajar al Asia Central siempre era peligroso. Uno de los pocos que se atrevió a hacerlo en 1273 fue Marco Polo en su viaje hacia China. El célebre viajero veneciano visitó Samarcanda cuando era ya una ciudad floreciente. Pero la historia de sus invasores y conquistadores es casi interminable. 

Saqueada primero por Alejandro Magno en el año 329, invadida después por chinos y persas, y conquistada en el siglo VIII por los árabes, se convirtió en el centro cultural del Islam. Y, aunque tres siglos después fue arrasada de nuevo por el terrible Gengis Khan, sería Tamerlán (Amir Temur), el ejemplo claro de señor de la guerra, cruel, aunque protector de las artes y el saber, el que la constituyó, en 1370, en la capital de Uzbekistán y del Asia Central.

Comenzamos el día con la visita a la plaza más emblemática del país, la Plaza Registán (lugar de arena) con sus tres grandes madrazas: Madraza Ulugbek (siglo XV), que se convirtió en universidad antes de la llegada los soviéticos, donde más de cien alumnos estudiaban el Corán, astronomía, matemáticas, filosofía y literatura; la Madraza Tilla-Kori (siglo XVII) que tenía una mezquita en el centro con su mimbar o púlpito; y la Madraza Shir-Dor (siglo XVII). Pero lo que realmente impresiona es la belleza serena que se respira entre los edificios monumentales de la plaza Registán.

Al salir del recinto hemos tenido la suerte de ver el desfile tradicional en honor a Tamerlán. Más tarde nos hemos acercado a la Mezquita Bibi-Khanum (siglo XV). Se construyó por orden de la esposa favorita de Tamerlán, llamada Bibi Khanum, para darle una sorpresa cuando regresara de una larga campaña militar en India, contratando a los mejores artesanos de Asia Central para que fuera el templo más grande y hermoso del mundo islámico. Como broche final del día hemos dado un paseo por el famoso bazar oriental Siyob. 

Por las calles de Samarcanda cruzaron mercaderes chinos cargados de seda y porcelana rumbo al Mediterráneo, y caravanas persas y europeas buscando especias, papiros y piedras preciosas. En el s. XIII llegó a tener medio millón de habitantes. Ruy González de Clavijo, embajador de Enrique III de Castilla llegó a Samarcanda en 1403 para establecer alianzas con el conquistador Tamerlán. Viajar a Samarcanda es sinónimo de viaje al pasado.








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