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lunes, 20 de enero de 2020
El legado de Blas de Otero se queda en Blibao
La villa de Bilbao fue su cuna, que odió y amó a partes iguales, y que extrañó hasta la médula durante sus viajes. «Bilbao soy yo de cuerpo entero», dejó escrito. Ahora, el legado de Blas de Otero (1916-1979), uno de los mejores poetas de la segunda mitad del siglo XX, se quedará para siempre en la ciudad a la que dedicara tantos versos. La ciudad que consideraba «llena de iglesias y casas públicas, donde el hombre es harto y el hambre se reparte a manos llenas, plagada de adulterios e indulgencias» ya perdió la biblioteca de Miguel de Unamuno, a quien vio nacer pero quien quedó prendado de la bella Salamanca. Por eso, en diciembre, el Ayuntamiento ratificó un pacto de vital importancia para la ciudad. La viuda de Blas de Otero, Sabina de la Cruz, decidió ceder a la Fundación todos sus fondos bibliográficos y los derechos de autor del poeta, que se encargará de su promoción, difusión y gestión durante 30 años a partir de su fallecimiento. Después, todo este legado de valor incalculable será patrimonio municipal.
domingo, 1 de septiembre de 2019
Casa Museo Unamuno en Fuerteventura
El museo está ubicado en una casa que data del siglo XIX, en el entonces Puerto Cabras (en 1956 pasa a denominarse Puerto del Rosario). En esta casa se alojó el filósofo bilbaino en Fuerteventura, desde el día 12 de marzo de 1924 hasta el 9 de julio del mismo año, pues estaba destinada a casa de hospedaje, "Hotel Fuerteventura".
Unamuno fue desterrado desde la península a Fuerteventura por el General D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, y su delito fue "denunciar por escrito y de palabra la situación política en España en esa época”. La dictadura no permitía la crítica a los gobernantes y a la monarquía, y reacciona firmando, el 20 de febrero de 1924, el decreto de destierro, suspensión de la cátedra y cese en el cargo de Rector. La misma suerte corerá el diputado y periodista D. Rodrigo Soriano; juntos llegan a Fuerteventura.
A su llegada entabló amistad con varias personas de Fuerteventura, entre los que destaca Ramón Castañeyra, y su casa era lugar habitual para tertulias entre Unamuno y sus amigos.
En el recorrido por la Casa Museo, podemos ver cómo eran las habitaciones que utilizaba Unamuno, su cama, su escritorio, la cocina o el salón. Y más interesante es leer los múltiples textos de Unamuno sobre Fuerteventura, que decoran las paredes de este Museo.
El 9 de julio salió de la isla en el barco L´Aiglon para poner fin a su destierro. Días después de llegar a Gran Canaria embarcó en el vapor Zeelandia hacia Lisboa y con destino al puerto de Cheburgo. A bordo escribió:
Raíces como tú en el océano
echó mi alma ya, Fuerteventura,
de la cruel historia de la amargura
me quitó cual si fuese con la mano.
Toqué a su toque el insondable arcano
que es la fuente de nuestra desventura
y en sus olas la mágica escritura
descifré del más alto soberano.
Un oasis me fuiste, isla bendita;
la civilización es un desierto
donde la fe con la verdad se irrita;
Cuando llegué a tu roca llegué a puerto
y esperándome allí a la última cita
sobre tu mar vi el cielo todo abierto.
(Miguel de Unamuno)
El Museo se encuentra en la zona más céntrica de Puerto del Rosario, junto al edificio del Cabildo de Fuerteventura, y frente a la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario.
viernes, 9 de agosto de 2019
Ambulatorio Doctor Areilza
Ambulatorio en honor al Doctor Areilza. Enrique de Areilza Arregui (1860-1926) nació en la calle San Francisco. Doctor en medicina, Fundó el Sanatorio Bilbaino y el Sanatorio Marino de Górliz. En el Santo Hospital Civil de Bilbao hay un busto dedicado a su memoria y otro frente al Sanatorio Marino de Górliz.
También fue conocido por la gran labor que realizó para ayudar a los mineros que sufrían algún accidente en las minas de La Arboleda en la localidad del Valle de Trápaga. Aconsejo la lectura de la novela “El intruso” de Vicente Blasco Ibáñez. Algunos de los personajes masculinos están basados en personajes reales de la época. Así, el Doctor Aresti sería el trasunto del Doctor Areilza (1860-1926), médico de las minas, y el de su primo carnal, José Sánchez Morueta ‘Pepe’, se correspondería con Victor Chávarri (1854-1900)
sábado, 17 de noviembre de 2018
Recorrido literario Blas de Otero
El Correo, en la sección Planes, publica un recorrido para descubrir los lugares esenciales en la trayectoria vital y artística del literato bilbaíno, que amó y detestó su ciudad con idéntica vehemencia
Siempre quiso ser poeta pero el
destino le obligó a convertirse en abogado. Hay veces que el hado decide en
contra de uno mismo. A Blas de
Otero le impuso un camino de vida material que le inclinaba
hacia la muerte intelectual. Cuando en plena adolescencia fallecían su hermano
y un padre amargado por la ruina, el futuro escritor debió hacerse cargo de la
familia. «Iba a estudiar Letras, pero un hermano que murió a los 16 años había
iniciado ya Derecho y mi familia me animó a ocupar su lugar», escribía. Antes
todo había sido distinto. Cuando el 15 de marzo de 1916 amaneció al mundo en Bilbao,
se libraba una I Guerra Mundial que empobreció a muchos y enriqueció a la alta
burguesía de una España neutral. Entre esos ricos estaba su progenitor, Armando
de Otero, a quien por entonces le iban bien los negocios del metal.
Un recorrido por su ciudad natal
acerca la figura de este gran autor. Puede realizarse guiado, para grupos, o
por libre, siguiendo los consejos de este reportaje. En ambos casos, arranca
en la calle San Agustín 1, detrás del Ayuntamiento, donde
tenían su casa los abuelos paternos, el capitán de la Marina Mercante Blas de
Otero y Melitona Murueta. Por entonces, la infancia de aquel niño era
acomodada, aunque poco duraría.
La posguerra y la depresión
económica acabaron con la holgura cuando Blas tenía solo diez años. Como
buen bilbaíno, adoraba el Nervión, junto al que paseaba con regularidad.
Por eso el siguiente punto al que dirigirse es la ría de la que escribió:
«Recuerdo/ (…) sus muelles/ grávidos de mercancías y de barcos,/ sus ocres
ondas, las gaviotas grises,/ los altos hornos negros, encarnados,/ donde el
hombre maldice...». A partir de ahí, los pasos han de dirigirse hacia las Siete
Calles, a la Plaza Nueva, Barrencalle Barrena y los soportales junto a la
corriente acuosa.
La libertad en Madrid
El poeta mantuvo una controvertida
relación de amor-odio con su ciudad, a la que dirigió duras palabras: «Te
padecí hasta el ahogo/ Bilbao: tu cielo, tus casas/ negras. Y tu hipocresía».
Marchó a Madrid tras romper las cadenas de la abogacía y decidirse a estudiar
Filosofía y Letras, pero debió regresar al caer enferma su hermana. Junto al
teatro Arriaga, frente al local que ocupó el literario café Boulevard, es
preciso recordar nuevos versos: «(…) ah este Bilbao puñetero que si no fuese porque
llueve/ nos ahogaríamos todos de aburrimiento (…)». Prefería la capital
española, a donde se había trasladado su familia en 1927. Donde descubrió la
libertad de las calles, las lecciones de toreo. Hasta que a los quince años la
muerte del progenitor le obligó a regresar.
En el número 5 de Hurtado de Amezaga, frente a
la estación, tenía su abuelo materno una consulta médica. En la misma calle
pero en el cuarto piso del 29 –entonces 30–, aguarda la casa natal con una
placa. No acaban ahí las paradas de esta avenida. En el 52 su padre construyó
una casa donde Blas residiría hasta los diez años. Enfrente, toma relevancia La
Quinta Parroquia. Allí hizo su primera comunión. «(…) de blanco
y azul, pero tan angustiada, tan atosigante de bandas sobre el traje marinero,
velas, velos y azucenas, que maldita la falta que hacían». Bilbao era por
entonces una ciudad tradicional, «Ciudad llena de iglesias/ y casas públicas,
donde el hombre es harto/ y el hambre se reparte a manos llenas./ Bendecida
ciudad llena de manchas/ plagada de adulterios e indulgencias:/ ciudad donde
las almas son de barro/ y el barro embarra todas las estrellas».
También en
Hurtado de Amezaga, frente al número 36, espera el que fuera
domicilio familiar entre 1934 y 1945. Se instalaron a su regreso de la capital
española, tras quedar en ruina. En el antiguo hogar hoy derribado estudiaba
Derecho sin ganas y con la premura de la necesidad económica. «Mi cocina en
Hurtado de Amézaga 36 contribuyó a la evolución de mi ideología. (Hoy recuerdo
aquella cocina como un santuario, algo así como Fátima con carbonilla)».
«Te amo desoladamente»
Con los años Blas destacará en la
poesía. Vivirá en París donde conoce a exiliados españoles comunistas de
quienes asume la interpretación marxista de la historia. Desea una sociedad
basada en la justicia y la dignidad para todos. Encuentra así la justificación
moral para su oficio de poeta. Quiere hablar aunque se lo impiden. Censuran sus
poemas. Hieren el fruto de su pluma. La siguiente parada recala en Alameda
Rekalde 70, casa de la madre, Concepción Muñoz, donde habita la
familia desde 1946.
Allí dio clases a alumnos de
Derecho. Allí regresaba tras largos viajes emprendidos desde 1956 hasta que en
1964 se traslada a Cuba, donde inicia un matrimonio frustrado. Vuelve para instalarse
definitivamente en Madrid, en 1968. Y en esa ciudad el caprichoso destino
provoca un encuentro con una novia bilbaína de juventud, Sabina
de la Cruz, su futura esposa.
En la calle
Egaña finaliza el paseo. Un busto del poeta recuerda su
presencia. Así permanece en esta ciudad a la que finalmente rindió pleitesía.
«De joven te ataqué violentamente. (…) Te amo desoladamente desde Madrid,
porque sólo tú sostienes mi mirada, das sentido a mi vida». Una vida que
finalizaba el 29 de junio de 1979 tras dejar versos inolvidables.
Una segunda ruta
dedicada al autor acerca hasta Orozko. Allí se desenvolvió la familia materna,
al amparo de la abuela Josefa Sagarmínaga. Las faldas del Gorbea eran para Blas
el «valle de mi adolescencia», la querencia al campo, a la memoria de los
antepasados y los primeros pasos en el amor. Comienza en el puente y la plaza
del Ayuntamiento, por donde deambulaba «los días de sol y fiesta». Para derivar
a la ermita de Santa Marina y al panteón familiar, en el cementerio de San
Juan. En el frontón tendió «diariamente los músculos de muchacho». El río fue
lugar de juegos, «donde me bañé de niño, piedras rodadas, guijos como anillos,
chopos tintineantes, líricos atardeceres amarillos».
Pero el enclave más
importante es, sin duda, la casa-palacio Ugarte –o de Cantarrana–, hogar de sus
abuelos José Ramón y Josefa, doña Pepita. Con el huerto repleto de «cerezas
coloradas, manzanas reinetas, príncipes peras y breves violetas, con una gran
gota de almíbar temblando sobre la hierba». La galería encima del jardín. La
biblioteca del abuelo médico y el dormitorio de Blas, donde pasaba horas
mirando la cima de Santa Marina, «la falda de la montaña infantil, de ramas
tiernas, helechos, espliegos, hierbas aromáticas, y una gran nube blanca
coronándole la cabeza».
martes, 16 de octubre de 2018
Bicentenario de Antonio Trueba
En Galdames (Montellano) se celebrará el Bicentenario del nacimiento de Antonio Trueba. Los actos conmemorativos que se desarrollarán entre 2018 y 2019 servirán para divulgar la figura del escritor y cronista encartado, también archivero de Señorío de Bizkaia e Hijo Predilecto del Territorio y fallecido en 1889.
Se ha firmado el protocolo de colaboración entre Juntas Generales de Bizkaia, Diputación Foral de Bizkaia, y el ayuntamiento de Galdames para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Antonio Trueba.
La estatua de Antonio Trueba sentado en una silla preside los Jardines de Albia.
Se halla enterrado en la cercana iglesia de san Vicente.
Se halla enterrado en la cercana iglesia de san Vicente.
martes, 5 de junio de 2018
Me queda la mirada
Inauguración de la exposición "Me queda la mirada", homenaje de pintores vascos y catalanes al gran poeta Blas de Otero en la sala Ondare (Bilbao).
Exposición colectiva de artistas que interpretan visualmente algunos poemas de Blas de Otero.
La exposición es el resultado de la colaboración entre el Ayuntamiento de Orozko y, el Ayuntamiento de Begues, la Diputación Foral de Bizkaia y la Diputación de Barcelona junto con el Ayuntamiento de Bilbao y la Fundación Blas de Otero.
Según la organización, estas instituciones públicas se han puesto de acuerdo para poner en valor la figura de uno de los poetas más representativos de la poesía social de los años cincuenta a través de la interpretación visual de sus poemas.
En este homenaje participan veintitrés artistas vascos y catalanes entre otros, Agustín Ibarrola, José Ibarrola, Naiel Ibarrola, Ane Pikaza, Rober Garay, Soiarte Alday, María Helguera y Pep Fajardo.
La muestra “Me Queda la Mirada”. Tributo visual a Blas de Otero, es un claro ejemplo del uso del lenguaje artístico y cultural como vehículo de colaboración y comunicación.
La idea de la muestra fue del artista catalán Jordi Aligué, director de Vallgrassa, Centro Experimental de las Artes situado en el término municipal de Begues, dentro el ámbito del Parc del Garraf, al visitar Orozko durante unas vacaciones en la localidad vizcaina.
lunes, 4 de junio de 2018
Blas De Otero
Inauguración mañana a la siete de la tarde de la exposición "Me queda la mirada", homenaje de varios pintores internacionales al gran poeta Blas de Otero en la sala Ondare (Bilbao).
sábado, 7 de abril de 2018
jueves, 15 de marzo de 2018
Día de Blas De Otero 2018
Saludos desde el busto del gran poeta bilbaino Blas De Otero.
Hoy en la biblioteca de Bidebarrieta se celebra el “DÍA DE BLAS DE OTERO con el poeta Joan Margarit y Jon Kortazar, escritor y crítico literario.
Blas de Otero (1916-1979). Nace en Bilbao el 15 de marzo de 1916. Un mes antes había muerto en Nicaragua Rubén Darío, y Juan Ramón Jiménez tenía a punto su Diario de un poeta recién casado. Como si la naturaleza no quisiera dejar vacíos poéticos, estos dos poetas son las voces más persistentes en la formación y en la obra del futuro escritor bilbaíno.
Más información en: http://www.fundacionblasdeotero.org/es/el-autor/biografia
Pido la paz y la palabra
Escribo
en defensa del reino
del hombre y su justicia. Pido
la paz
y la palabra. He dicho
«silencio»,
«sombra»,
«vacío»
etcétera.
Digo
«del hombre y su justicia»,
«océano pacífico»,
lo que me dejan.
Pido
la paz y la palabra.
martes, 13 de marzo de 2018
Miguel Delibes
Delibes firmó junto al fotógrafo Oriol Maspons (autor de esta instantánea), el libro La caza de la perdiz roja. Para realizar el libro, los tres viajaron en numerosas ocasiones por los campos de Castilla.
martes, 6 de marzo de 2018
Antonio Muñoz Molina en Bidebarrieta
Según se destaca desde la organización del encuentro literario 'Un andar solitario entre la gente' es la historia de "un caminante que escribe siempre a lápiz, recortando y pegando cosas, recogiendo papeles por la calle, en la estela de artistas que han practicado el arte del collage, la basura y el reciclaje -como Diane Arbus o Dubuffet-, así como la de los grandes caminantes urbanos de la literatura, de Quincey, Baudelaire, Poe, Joyce, Walter Benjamin, Melville, Lorca, Whitman".
"A la manera de 'Poeta en Nueva York', de Lorca, la narración de 'Un andar solitario entre la gente' está hecha de celebración y denuncia: la denuncia del ruido extremo del capitalismo, de la conversión de todo en mercancía y basura, y la celebración de la belleza y la variedad del mundo, de la mirada ecológica y estética que recicla la basura en fertilidad y arte", han señalado los organizadores.
El escritor andaluz Antonio Muñoz Molina es autor de una "extensa obra narrativa" que comprende 'Beatus Ille', 'El invierno en Lisboa', que recibió el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura, 'Beltenebros', 'El jinete polaco', que ganó el Premio Planeta y el Premio Nacional de Literatura, 'Los misterios de Madrid', 'El dueño del secreto', 'Nada del otro mundo', 'Ardor guerrero', 'Plenilunio', 'Carlota Fainberg', 'En ausencia de Blanca', 'Ventanas de Manhattan', 'El viento de la Luna' y 'Sefarad'.
Desde 1995 es miembro de la Real Academia y en 2013 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Vive entre Madrid y Nueva York y es colaborador en varios medios de comunicación.
lunes, 29 de enero de 2018
VIAJES Y EXPLORACIONES EN EL ÁFRICA DEL SUR
No cabe duda de que la narración del famoso explorador y misionero escocés suponía, hace ocho años, un hito en la edición de literatura de viajes en nuestro país. Esta obra relata los primeros años de Livingstone en África como misionero y, sobre todo, su nacimiento como explorador, cuando decide internarse en territorios desconocidos del interior de África para abrir nuevas rutas comerciales. Así cruza el desierto del Kalahari, descubre el lago Ngami, el río Zambeze, las cataratas Victoria y cruza África de costa a costa (desde Luanda a Kilimane).
Cuando regresa a Inglaterra en 1856 y, un año después, publica estos viajes, la obra se convierte de inmediato en un gran éxito, que le abre las puertas a más expediciones y que conciencia a la sociedad de su época acerca de las posibilidades del continente africano. Inmediatamente se traduce a distintas lenguas, entre ellas, al español. La traducción de Atilano Calvo Iturburu y de José Plácido Sansón Grandy es de 1858.
Preciso es imaginar las dificultades ante las que se encontrarían estos dos traductores, ya que la mayoría de las cosas de las que habla Livingstone eran totalmente desconocidas en la España de mediados del siglo xix. Por eso tiene aún más mérito la elevada calidad de su trabajo y por eso nos ha parecido que merecía ser rescatado.
Según los editores, cuando comenzamos a trabajar con ella, nos dimos cuenta de que faltaba una enorme cantidad de texto, ya que casi todo lo relacionado con determinadas plantas, animales y descripciones geológicas no se había traducido. Además, una buena parte de las reflexiones religiosas del autor, que era protestante, habían sido adaptadas a la manera de pensar de la España de 1858. Por supuesto, decidimos completar la traducción y reflejar, fielmente, lo escrito en su día por David Livingstone. Eso facilitó que por primera vez se pudiera leer el texto íntegro en español. A pesar de las reediciones, el libro se había manteniendo agotado hasta ahora, que se pone por cuarta vez a disposición de los lectores en una espléndida edición en tapa dura, la cual sin duda va a enriquecer las bibliotecas de africanistas y de lectores amantes del continente negro.
Cuando regresa a Inglaterra en 1856 y, un año después, publica estos viajes, la obra se convierte de inmediato en un gran éxito, que le abre las puertas a más expediciones y que conciencia a la sociedad de su época acerca de las posibilidades del continente africano. Inmediatamente se traduce a distintas lenguas, entre ellas, al español. La traducción de Atilano Calvo Iturburu y de José Plácido Sansón Grandy es de 1858.
Preciso es imaginar las dificultades ante las que se encontrarían estos dos traductores, ya que la mayoría de las cosas de las que habla Livingstone eran totalmente desconocidas en la España de mediados del siglo xix. Por eso tiene aún más mérito la elevada calidad de su trabajo y por eso nos ha parecido que merecía ser rescatado.
Según los editores, cuando comenzamos a trabajar con ella, nos dimos cuenta de que faltaba una enorme cantidad de texto, ya que casi todo lo relacionado con determinadas plantas, animales y descripciones geológicas no se había traducido. Además, una buena parte de las reflexiones religiosas del autor, que era protestante, habían sido adaptadas a la manera de pensar de la España de 1858. Por supuesto, decidimos completar la traducción y reflejar, fielmente, lo escrito en su día por David Livingstone. Eso facilitó que por primera vez se pudiera leer el texto íntegro en español. A pesar de las reediciones, el libro se había manteniendo agotado hasta ahora, que se pone por cuarta vez a disposición de los lectores en una espléndida edición en tapa dura, la cual sin duda va a enriquecer las bibliotecas de africanistas y de lectores amantes del continente negro.
- Encuadernación Tapa dura
- Número de páginas 792
- Prólogo Javier Reverte
- Traducción Susana Carral Martínez
jueves, 23 de noviembre de 2017
Ruta literaria "La Higuera"
Getxo es el origen del universo, de la
vida, de la libertad…, donde se mezclan ficción y realidad,
en el mundo literario de Ramiro Pinilla.
El recorrido de hoy está centrado en la novela de Ramiro
Pinilla, con motivo del estreno de la película “La higuera de los bastardos”
(directora Ana Murugarren), desde la escuela de la señorita Mercedes Azkorra
hasta la vega de Fadura, donde está la higuera.
Comenzamos el paseo en la escuela de Mercedes Azkorra
cerca de Cuatro Caminos donde vivía el maestro don Manuel. A continuación vamos
hasta la casa de la señorita Mercedes Azkorra, fábrica de hielo y gaseosas, cerca de la
cadena. Desde allí bajamos hasta Instituto Julio Caro Baroja, que antes se
llamaba Getxo I, en la vega de Fadura, en la que se encuentra la higuera.
Lucía nos dice que la segunda higuera que nos encontramos
en el jardín botánico es de Walden, la casa familiar de Ramiro
Pinilla.
Respecto a la primera higuera, según cuentan en el
Instituto, alguien impulsó la lectura de su novela entre alumnas y alumnos.
¿Cómo no hacerlo, si parte de la trama tenía el instituto y su jardín como
lugar escogido para una ficción?
Y lo que pasó fue que algunos lectores, alumnas y
alumnos y un profesor del Departamento de Biología, Jesús Fernández Ungil, quisieron
encontrar aquella higuera por el jardín del instituto... Al no encontrar rastro
de la higuera, el mencionado profesor y otra profesora del mismo departamento
de Biología, Mercedes Umaran, se movieron para convertir la ficción en
realidad: conseguir una higuera para el jardín. Solicitaron al
Departamento de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Getxo que les plantara una,
y lo consiguieron. De todo esto tuvo noticia Ramiro Pinilla estando ya en el
Hospital y le hizo muchísima ilusión.
Por último y a petición del Instituto, el Aula de Cultura impulsó el colocar una
placa con una frase del libro La higuera de
Ramiro.
“En ellos serán recordadas las miles de víctimas sin tierra
que algún día tendrán su jardín botánico”. (“Ellos” son el padre y el hijo enterrados bajo la higuera).
Sinopsis de la novela
La construcción en 1966 de un nuevo
instituto de enseñanza media en Getxo desentierra la historia del hombre
solitario que decidió recluirse en el solar y cuidar de una higuera al poco de
acabar la guerra civil. Se trata de Rogelio Cerón, uno de los falangistas que
fueron casa por casa para llevarse a fusilar contra las tapias del cementerio a
varios de los hombres de Getxo. En una de sus visitas, Cerón se tropieza con la
mirada de odio de un niño que se resiste a que le arrebaten a su padre, una
mirada que despierta de inmediato en la imaginación del falangista la certeza
de que ese niño, cuando crezca, lo matará. Su sugestión aumenta al día
siguiente, cuando se encuentra con que los fusilados están enterrados en una
fosa común donde alguien ha plantado una higuera. Cerón ya no podrá ser el
mismo. Incluso vigilará estrechamente la vida de ese niño, intentará alejarlo
de Getxo, tutelar sus estudios para evitar la maldición, el retorno insufrible
del pasado y la culpa.
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