lunes, 3 de febrero de 2014

Tanzania (4)

Reserva de Conservación Cráter del Ngorongoro

El cráter del Ngorongoro, de origen volcánico, está situado muy cerca del Parque Nacionalde Serengeti, del cual se independizó administrativamente.
A unos 2.200 metros de altura sobre el nivel del mar, protegido por una barrera natural de seiscientos metros de altura, que abarca una superficie de unos 20 km2, fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1981. En una jornada es posible rodearlo.
El descenso al interior del cráter supone el descubrimiento del santuario natural que además alberga un lago, sabanas teñidas de verde para el pastoreo, salinas y sobre todo los animales de distintas especies que conviven en un ecosistema único capaz de recordamos el paraíso terrenal.
Debido a que la vegetación es muy baja en diciembre, se pueden divisar leones, los preciados rinocerontes negros, hienas manchadas, elefantes, ñus, cebras, búfalos, gacelas, jabalíes verrugosos, etc.
En cuanto a la observación de aves, además de flamencos nos cruzamos con avestruces, garzas, avutardas, grullas coronadas…
Viven en perfecta armonía natural, sin falta de agua o comida, tal y como se supone que lo hicieron hace millones de años.
Durante los meses de diciembre y enero suele llover en el interior del cráter, pero cuando en abril las lluvias empiezan a disminuir, comienza el ciclo natural de desplazamiento de los animales en busca de pastos y su recorrido desde la zona del Ngorongoro hacia el norte.
Este volcán apagado hace millones de años era territorio masai, tribu que perdió el derecho a vivir aquí en 1958, aunque siguen conduciendo sus rebaños en la zona hasta el lago Mayaoi.
Los masai suenan en nuestra memoria como pastores y guerreros valientes, incluso Karen Blixen, en Memorias de África, nos da una explicación sobre los hombres de rojo: “Los jóvenes morani-masai se alimentan de leche y de sangre; tal vez esta dieta es la que les proporciona su hermosa suavidad y tersura en la piel. Los rostros, con los pómulos salientes y las prominentes mandíbulas, son lisos, sin una arruga o una estría, llenos; los ojos opacos, invisibles, están engarzados como dos piedras negras en un mosaico (...). El gran contraste, o armonía, entre esos rostros suaves y llenos, los cuellos poderosos y las anchas y redondas espaldas, con la sorprendente esbeltez de la cintura y las caderas, la delgadez de las rodillas y de los muslos, y las largas, derechas y musculosas piernas, les da el aspecto de criaturas entrenadas con una dura disciplina para convertirse en seres rapaces, codiciosos y ávidos en extremo.








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